Respirando Paisajes
acantiladosHay un estupendo paseo desde San Vicente de la Barquera que te acerca a la costa más agreste de la zona. Acostumbrados a esa enorme playa de kilómetros de arena se nos olvida que la costa cántabra también es famosa por la roca sobre la que golpea ese mar que apodan de bravío.
La excursión por los acantilados sale de la zona del puerto y se dirige hacia el faro. Desde allí no hace más que buscar el borde accesible y avanzar hacia crestas de roca cada vez más altas. La vista es espectacular. Se pasa cerca de un par de calas complicadas para el baño y termina en una playita, la de Fuentes, que es la que supone el regreso al pueblo a través de una pista transitable con vehículo.
El trayecto es de unos 8 kilómetros y dependiendo de cuánto tiempo os retrase el pesao que siempre anda echando fotos puede hacerse en un par de horas o en cuatro… O si no que se lo digan a los que me acompañaron.
Muy cerca de la festividad de los Santos, y como si fuera el débil eco de la fiesta que los antiguos celtas celebraban en estas fechas, el Samainn (con su sentido etimológico de “final del verano”), se celebra en todo el Cantábrico la fiesta de la magosta, en donde las castañas y el mosto de sidra se convertían en los protagonistas.
Aunque la castaña se consumía de muchas formas distintas (…cocida, crudas o asadas, para los animales o para sus amos), en estas fechas la tradición exigía hacer un buen fuego para asarlas… y no estará muy equivocado el que busca al término de magosta un origen latino relacionado con magnus-ostus, o sea “gran quema”.

Pero su significado va más allá del ritual del fuego. Este es, sin duda, el elemento que purifica, por el que se logra de algún modo la inmortalidad. Este purificar es el renacer. Los muertos bajaban a las casas durante las noches. Las puertas debían de ser dejadas abiertas y la lumbre encendida para poder así mitigar el frío. Los gallegos, amigos habituales de los espíritus más ancestrales, tienen la creencia de que las ánimas, bajan a calentarse al lado del fuego del magosto. Y cada castaña comida es un alma que se salva. No me extraña que, en Madrid, vendan a 3 euros la docena…